La Croqueta Sangrienta: 4) La Maroma
4. La Maroma
--¡Tamaltrada!; ¡ven aquí inmediatamente a comer la empanada!
--Mamá, no tengo hambre --se oyó desde el salón.
--Hay que comer, sino... se muere uno: ¡a comerte la empanada!.
La niña apareció en la cocina de inmediato y se sentó a la mesa.
--No comprendes, hija, que hay que comer; de lo contrario te morirás y tendremos que hacerte una caja y llevarte al cementerio como al abuelo.
La niña se imaginó introducida en un hoyo, obscuro, tenebroso, lúgubre, sin poder salir a jugar en los columpios de la escuela; cayéndole en la cabeza el agua fría de la lluvia; arrecida de frío con la nieve del invierno; sin volver a ver, jamás, la serie favorita de la televisión; corriéndole los gusanos por todo el cuerpo; y comiéndole la carne de sus brazos y de sus ...
Se le puso toda la carne de gallina y comenzó a tiritar. Agarró el tenedor y dio un mordisco a la dichosa croqueta. Estaba fría y dura: como ella estaría si la espichaba; y como estarían los demás muertos: como su abuelo que cuando lo besó estaba duro y frío como una piedra.
Le dieron arcadas pero se lo tragó a tracas y barrancas.
--A mi no me vengas con cuentos! -dijo la madre- Otro mordisco, ¡venga!; ¡y sin aspavientos!; ¡que te conozco!.
Acercó otro trozo de los que quedaban a la boca. Lo tuvo un rato en ella, mientras miraba de soslayo a su madre. Las venillas de los ojos comenzaban a inyectársele en sangre.
Hizo un esfuerzo heroico y se tragó el trozo. Sin poderlo evitar lo vomitó en la escudilla entre continuos espasmos.
Como si toda la indignación de la dama hubiera ido empozándose, encubándose en su barril; y le quitaran el palo que obstruye la espita; de la misma manera se destapo la cólera de la señora madre al ver la vomitona de su hija; y corrió a chorros su violencia contenida como el vino por la válvula destapada: cogió el trinchante de su hija, espetó el pedazo que quedaba de empanada en el tenedor y se lo metió en la boca con utensilio y todo.
Dio la niña un alarido abriendo la boca: le había clavado el tenedor en el cielo de la boca. Se asustó la madre; le arrancó el adminículo; la sangre corría a borbotones desde la boca hasta el recubrimiento de la cocina.
--¡Cierra la boca! -le dijo imperiosa y nerviosísima.
Y comenzó a fregar la sangre.
(:::)



Laculpaesdelotro dijo
qué locura... y todo el blog rosa...
11 Julio 2007 | 07:29 PM