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Okonkwo

África, cuna de la Humanidad

29 Agosto 2007

José Mª Amigo Zamorano: Una Micción de Insospechadas Consecuencias

Una bobada trascendente
De José Mª Amigo Zamorano
Allí, sí, allí mismo, se le quitaron algunos prejuicios estúpidos, ciertas majaderías incrustadas.
Se duchaba en ese momento. El agua corría por todo el cuerpo, produciéndole un agradable cosquilleo. Oía, en el salón, sí, la charla y la risa de sus amigas. Sin darse cuenta, el vapor que salía de la ducha caliente, poco a poco, se fue adueñando de todo el water, empañando mosaicos y espejos; llenándolo de una neblina que convirtió el pequeño recinto en un lugar misterioso, íntimo… fuera de la mano de Dios. Ajeno a su poder. Impenetrable. Como un baluarte inexpugnable. De modo que, cuando le entraron unas ganas irresistibles de orinar, orinó… Sí, lo hizo… con una cierta seguridad, la verdad sea dicha: pues primero se encomendó a Satanás. Por si acaso. Necesitaba el apoyo de un ser poderoso, para el caso en que, el Supremo Hacedor del Bien, Dios Omnipotente, Alá Misericordioso, la castigara por tan descomunal pecado: el de orinarse.
Y sí, se meó. Lo confiesa. Pero lo realizó bien espatarrada, en previsión de que, elementos del líquido de la micción, pudieran corroer o manchar su cuerpo puro, inmaculado, casto, virginal... al mojarlo. Pero, por desgracia para ella, ni aún con todos esos cuidados, logró verse libre de que, su líquido amarillento, salpicara ambos muslos. Tembló. Lo confiesa. Sintió un miedo cerval. Le vinieron tales escalofríos que tuvo que agarrarse al picaporte de la ventana, porque se sintió mareada. Fue una sensación que no procedía de ninguna causa física, lo reconoce, sino por un desasosiego moral: temor ante el futuro que pudiera reservarle Alá-Dios-Jehová, como le habían enseñado desde niña. Se quedó inmóvil, paralizada. Como en guardia temerosa. A la espera que, algún acontecimiento aciago, le asaltara de improviso. Espera fugaz, pero angustiosa. Y no. No ocurrió nada. Lo asegura con alegría. Seguían sus amigas charlando y riendo en el salón. Respiró hondo. En gesto maquinal, se tocó cabeza y pecho. ¡Estaba viva!... ¡Qué tontería!... Y, ¿por qué no iba a vivir?... La interrogación la tranquilizó. Mas luego, sin solución de continuidad, inquietud, zozobra, congoja, volvieron a manifestarse al pensar, como pensó, alarmada, que, a lo mejor, tal vez, acaso, el líquido pudiera haberle dejado manchas imborrables, alguna señal indeleble, en sus muslos. ¡Qué le diría entonces a su marido!, ¿Cómo se justificaría?... Sin duda sería rechazada, le diría que era una cualquiera, una golfa y la abandonaría por haber desobedecido los preceptos de la pureza…
¡Oh Satanás! ¡Acórreme en este trance!...
Bajó la vista, lentamente. La carne se le puso de gallina. Tiritaba. Miró en la entrepierna. Nada. ¡Nada nada nada! ¡Si!No había pasado nada. Estaba toda su piel blanca, limpia, tersa. Sin mácula alguna.
No obstante, por si acaso, se frotó bien frotada, lo que originó unas consecuencias sorprendentes, insospechadas para ella: un gusto, un placer, unas ganas de seguir frotándose... ¡Vamos!... como nunca había experimentado; y no, no, nolo había sentido antes, tenía que reconocerlo, ¡nunca, jamás!; porque nunca, jamás, antes, había tocado su cuerpo en esas partes que consideraba impuras, sucias, luciferinas, satánicas, perversas… Abrió la ventana, que estaba, justo, al lado de la bañera y daba a un patio interior, para despejarse del todo y para quitarse las telarañas que habían envuelto su cerebro. El aire fresco consiguió ir apaciguando, serenando, aun más, sus antiguas inquietudes.
Aunque, hay que decirlo, no las tenía todas consigo. No se veía libre de prevenciones. Había traspasado, pensó para si, todos los límites de su educación puritana, pactando con el Diablo... Más si él era el Supremo Hacedor del Mal, siguió pensando la joven, su poder se igualaba al del otro hacedor: quedaba, por tanto, equilibrada la balanza. Seguiría dando vueltas el mundo, sin que a ella le ocurriera nada. Como nada le había ocurrido. Cogió la mano de la ducha para que, el agua, con el jabón que se había dado, arrastrase las pequeñas partículas impuras... que pudieran haberse quedado en su piel, adheridas entre los poros. Los poros, según dicen, -pensó con cierto temor-, son pequeños pozos que tenemos distribuidos por toda la superficie de nuestro cuerpo. Y, creyendo haber nacido de nuevo, como lo creía, se puso a cantar y saltar de alegría en la bañera.
Poco después, el agua comenzó a salirle fría, consiguiendo que, estremecida, su cuerpo se moviera con rápidos y sinuosos movimientos de culebra, lo que le provocó nuevas ganas de mear.
Mas, ya encomendada, como estaba, a ese Supremo Creador del Mal que es Lucifer, dejó que el cálido líquido de la meada se le escurriera, libremente, por los muslos abajo, hasta sus pies. Recorrió con su mirada, ahora, ya casi sin prevención, con rapidez, con valentía, en acto heroico, el trayecto desde su sexo hasta el suelo de la bañera. Sabía que nada le iba a ocurrir. Y, efectivamente, nada fuera de lo normal, le había pasado a su cuerpo. Bueno, sí, había descubierto algunas notas placenteras. Algún día las tocaría. Y gracias al Ángel Caído que... ahora que lo pensaba... era un ángel más. ¡Pobre! Ya le premiaría con lo que él quisiera. Es de bien nacidos, el ser agradecidos, reza el refrán. Y el Señor del Mal le había hecho algo bueno: la había salvado de un pensamiento majadero. Terminó de ducharse. Se vistió deprisa. Y, cantando, y saltando, acudió al salón donde las amigas la observaron extrañadas. Si, efectivamente, era una extraña. En el buen sentido. Una meada había tenido la culpa. Una boba meada trascendente.

servido por okonkwo 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

nurazul

nurazul dijo

JA,ja,ja...los actos más nimios pueden hacer que miremos la vida con otros ojos.....bicos

3 Septiembre 2007 | 06:53 PM

okonkwo

okonkwo dijo

Te diré un secreto... Pero antes bienvenida al universo después del periplo vacacional... lo he hecho porque una vez, viendo este programa del llamado 'Gran Hermano', la que lo llevaba, que no me acuerdo de su nombre, hablaba de que una de las que participaban en el programa se había meado y que había recibido criticas y ella decía que ella tambiéen se meaba... Y se originó una discusión: meada si o no y me fui riéndome ante tamaña estupidez...

3 Septiembre 2007 | 08:22 PM

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Sobre mí

Aficionado, diletante. Rebelarme seguro ante la injusticia. Eso de que el hombre explote al hombre se debería de acabar. 'El arroyo de la sierra me complace más que el mar'. 'Con los pobres de la tierra', no con los mendigos, 'quiero yo mi suerte echar'. Por lo demás no soy amigo de todos. Eso ni hablar. Incorrecto políticamente. Y poco más... que pueda interesar al común de los lectores. ¡Ah!: ¡Viva la República! Sin duda, España, mañana, será republicana.

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