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Okonkwo

África, cuna de la Humanidad

21 Diciembre 2007

José Mª Amigo Zamorano: La Nostalgia del Rabino (VII)

Segundo aparte

 

Se fue para conocer otras flores, sin esconderse en la fronda lujuriante que las rodea, volando a lomos de raudas libélulas o flotando en la suave brisa de las noches machihembradas donde brota la vida, alumbrado por la tenue luz de millones de luciérnagas, antes de que el tiempo se le consuma. Desde que años ha deseó saltar las tapias del corral donde habitaba la higuera y ésta lo desaprobó "frotando la lija de sus ramas", le intrigó ese mundo que surgía milagroso cada nueva primavera. Quería caminar a la hora del rubor: en el primer relámpago en que la esperanza da a luz, para embriagarse de reconocimientos unánimes. Era un desafío que se había hecho. Un día, poco antes de amanecer, cuando los árboles duermen, profundamente, arropados por sus ramas, brincó la tapia y emigró. Recorrió las alboradas de la tierra descubriendo, en las zarzamoras del camino, una dual gentileza insospechada: estallaban en abrazos de pájaros cantores y en besos de brisas matinales; o en tremendos rugidos de cocodrilos y traicioneros silbidos de culebras. Nada especial, salvo la libre determinación conseguida de peregrinar sin amparo o protección. Así circunvenía su anhelo, en soledad, caminando, corriendo o huyendo, en el fulgor inicial, única manera de romper las erizadas alambradas que, por doquier, se alzan, al parecer eternas. Durante un tiempo creyose libre, como los pájaros. Tuvo que traspasar neblinas, enceguecedoras y fascinantes, que le proyectaban como ensoñación embaucadora una única, singular flor gris que escondía el horizonte arcoirisado. Pero no se dejó engatusar por el señuelo. Y continuó su rumbo. Discurrió por los caminos de la vida como el agua por el cauce. Conoció, por fin, la fragancia y el colorido de otras flores. Mas no quiso perpetuarse entre ellas. Su impulso de regresar emanó del agua de la vida; de los cauces de la supervivencia. Está seguro que fueron prepaados, o para la fuga que en carraña se acaba, o bien para el regreso, que termina en esperanza. Ha derrochado media vida y ... ¿qué le queda?...

Ya de vuelta, corre a refugiarse en el cobertizo desde el cual, antaño, divisaba el horizonte de tierras recorridas que, las tapias del corral, adonde moraba la higuera, le ocultaban siendo niño. ¿Por qué, si conoció el perfume y el color de otras flores, se le escurrían como el aceite? Ha visto y ha oído: todo le parece hermoso, cruel y fugaz , como vida y vuelo de mariposa. Se sacude el polvo del camino. Y, erguido, comienza a caminar por los senderos de su infancia. Contempla las flores, oye con renovada querencia a los pájaros y escucha a los hombres, henchidos, aún, hasta las cejas de una porrada de telarañas que le enmascaran las diferentes tonalidades de las flores silvestres, traídas por el viento, antiguamente, desde los más remotos rincones de la tierra. Se tiende a dormitar a la vera del agua de la fuente y muere.

(SEGUIRÁ)

 

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

giverny

giverny dijo

Te sigo.
Por ciero, al comentario que has dejado en mi blog estoy totalmente de acuerdo en que se tendría uqe presentar "ese" también a las elecciones.
Salud!

21 Diciembre 2007 | 08:54 PM

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Sobre mí

Aficionado, diletante. Rebelarme seguro ante la injusticia. Eso de que el hombre explote al hombre se debería de acabar. 'El arroyo de la sierra me complace más que el mar'. 'Con los pobres de la tierra', no con los mendigos, 'quiero yo mi suerte echar'. Por lo demás no soy amigo de todos. Eso ni hablar. Incorrecto políticamente. Y poco más... que pueda interesar al común de los lectores. ¡Ah!: ¡Viva la República! Sin duda, España, mañana, será republicana.

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