José Mª Amigo Zamorano: La Nostalgia del Rabino (FIN)
A Sara no volvió a verla jamás; los versos "todo fluye de la nada; todo nace absurdamente" le vinieron a las mientes, ¡Jehová el Misericordioso lo sabrá comprender!. Su familia, ahora conversa, la había casado con un noble cristiano. Efraím recordó, con pena, las palabras del poeta:
-- " Víboras son tus mejillas, mas de ellas fluye bálsamo" Lo sepultaron donde no deseaba: en Tlemecen; no pudo evitarlo.
Con el tiempo las virtudes del sacerdote hebreo crecieron, su aureola se agigantó en cuantía tal que se le llegó a conocer por El Rabino que Montaba un León Embridado de Serpientes o El Rabino que Jineteaba un León Guiado por Culebras; así su figurada equiparación con el toro con que rubricaba sus sermones quedó sangrienta y brutalmente falsificada. Y es quepor aquellos lares no entendían de toros bravos. Ya muy viejo y retirado dicen que se soñaba toro cubriendo de astucia a su añorada Sara para que así, de esa guisa, pudiera liberarse de "esos bestias cristianos". Y cuentan que cuando pasaba su arrebatada y ardorosa lucubración le venía al recuerdo, con nostálgica tristeza, un vejete del barrio judío de Hervás al que por la mañanas preguntaban:
-- ¿Qué tal el despertar hoy, Solomo?
-- Emporrado como siempre. Por no perder las buenas costumbres - contestaba invariablemente.
-- Es triste y desconsolador, decirlo a mis años, -- recapacitaba el Rabino -- pero es así: siempre pensando en Sepharad.
Final del cuento
