EL VAMPIRO Y LA HEREJÍA BOSNIA Y LOS BOGOMILOS
(A propósito del libro de Torquemada ‘Symbolum pro informatione manichaerum’ y otros textos ejemplares que se ocupan de esta cuestión esencial…)
(*)Joaquín Lledó, redactor jefe de la revista Album Letras Artes, es escritor y director de cine.
(este ensayo de Joaquín Lledó puede leerse en las páginas I, II, III y IV de ‘Fontana Sonora’, suplemento de la revista ‘Caminar Conociendo’ número 4 de mayo de 1995)
En realidad nunca duerme. Siempre está ahí, agazapado en el límite. Alimentándose de nuestro pensamiento… que no deja de referirse a Él. Nutriéndose de nuestra fascinación, de nuestro vértigo. Incluso su contrario es una ilusión sin sustancia. Y aún más, aquello que formalmente se presenta como su contrario no es en realidad otra cosa mas que su reflejo. Un disfraz en el que se oculta. Todavía más pérfido. Todavía más peligroso. Y si algo consigue tener alguna consistencia sin ser Él, este algo no es otra cosa que el acto de resistirle. Sólo nosotros podemos ser su contrario. Sólo nosotros podemos serlo. Resistiendo a su llamada. Diciendo no en nombre de una luz que no es, que no pude ser del mundo, porque es patrimonio exclusivo de nuestros corazones. Que es allí donde mana esa negación radical a comulgar con ruedas de molino, ese rechazo ‘visceral’ a la atracción de los sentidos, esa disponibilidad a lo utópico y a lo aparentemente imposible. En definitiva porque es allí donde late esa rebeldía que nos hace rechazar la ignominia de lo que fatalmente es en nombre de algo que evidentemente no tiene existencia en este mundo. Que en realidad esta luz de la que hablamos no es –no puede ser otra cosa que vacuidad, vacío. Vacío mas no nihilismo –porque cualquier agitación fanática se pone siempre a su servicio y todo escepticismo le sirve-, sino simplemente enconada resistencia a dejarse englobar por Su orden frío y muerto; desesperada –más firme- fe en la libertad. En esa libertad que se niega obstinadamente a aceptar lo que es –es decir lo que Él pretende que las cosas sean-. De ahí que esta luz de la que hablamos sea vacuidad, vacío. Y es solo el intento que Él hace de apropiarse de tan alta plaza la que transforma tan misteriosa luz en llama que se levanta rebelde para negar Su perfidia. Y por eso abrir nuestro corazón al otro –es decir a lo otro, a lo diferente- para dejarle compartir con nosotros ese fuego sagrado –y hacerlo sin bajar por ello las barreras inmunológicas que nos defienden de Aquel que se infiltra por todos los resquicios- es, muy probablemente, el gran reto actual.
(seguirá)

Primera frase, primer error.
La realidad sí duerme, e incluso muere cuando la incoherencia se adueña de su pequeño hálito.
Porque la realidad es tan frágil....
Tienes TODA la razón.
Mea culpa
Sigo leyendo, gracias por traer estos temas compañero.
Un abrazo