EL VAMPIRO Y LA HEREJÍA BOSNIA Y LOS BOGOMILOS (IV)
(A propósito del libro de Torquemada ‘Symbolum pro informatione manichaerum’ y otros textos ejemplares que se ocupan de esta cuestión esencial…)
A finales del siglo X, es decir muy poco después de la muerte de Bogomil, Bulgaria cayó bajo el yugo de Bizancio. Y fue bajo la ortodoxia impuesta por Constantinopla que la heterodoxia creció y se desarrolló verdaderamente. Movimiento de resistencia ya en su origen, el bogomilismo se radicalizó con la ocupación bizantina aunque, poco más de un siglo más tarde, volviera a moderarse con la recuperación de la independencia búlgara. Pero en ese momento el pensamiento rebelde ya se había extendido a la vecina Servia, donde los herejes fueron llamados babunis. Por supuesto cuando a su vez llegó la independencia a los servios y estos pudieron constituir una iglesia nacional que, aunque autocéfala, defendía un estricto dogmatismo ortodoxo, la radicalidad de las ideas de los bogomilos entraron en conflicto con el nuevo poder y los heterodoxos fueron reprimidos y perseguidos. Mas el movimiento ya se había infiltrado en bosnia –donde sus adeptos fueron llamados patarenos-, una región en la que por cierto se enfrentaban desde hacía mucho tiempo el cesaropapismo romano y la ortodoxia bizantina. Por otro lado el feudalismo se afianzaba en ese momento en Bosnia como en otros lugares, y los señores locales encontraron en los bogomilos argumentos para su lucha contra todo poder centralizador, fuese ese el de los católicos húngaros, el de los ortodoxos servios o el de los bizantinos. Por supuesto poco importaba el total pacifismo de aquellos a los que los propios bogomilos llamaban ‘los perfectos’; el movimiento arrastraba tras él a todo tipo de descontentos y, como diría algún tiempo después Cosme el Presbítero: ‘Muchos no saben en qué consiste su herejía; piensan que padecen persecución por la justicia y que un día Dios les premiará por las torturas y prisiones que sufren…’. El resultado de todo ello fue que mientras en la ya independiente Bulgaria, el país que había visto nacer el bogomilismo, se moderaba, en Bosnia se hacía cada vez más extremista. Para los búlgaros las obras del mundo habían dejado de ser el Mal absoluto. De alguna manera simples reformistas, los herejes búlgaros postulaban ya la idea, cercana a las teorías agnósticas, de la existencia de pavesas de luz dispersas por doquier en la creación; pavesas que los iniciados debían de ir recuperando lentamente para conseguir, un día más o menos lejano, transformar con ellas el mundo. Por el contrario los patarenos bosnios, sumergidos en un caos similar al que desgraciadamente viven en la actualidad, fueron abandonando toda esperanza en una solución progresiva e incluso final. Quizás eran lejanas influencias del budismo que los jinetes procedentes de Asia Central trían pegadas a los talones las que fueron transformando y desarrollando un pensamiento que ya no apostaba por la victoria de uno u otro de los eternos principios, sino que quería conseguir por el camino de la resistencia y el uso de la paradoja, un estado de no-dualidad liberador, evitando caer en la trampa de cualquiera de esos dogmas o certezas que, ofreciéndose al alma desgarrada como consuelo, en realidad la condenan a la esclavitud y, privándola de su principal virtud, que no es otra que la libertad, la encierran definitivamente en la oscuridad y en la ignorancia. En este proceso –y al menos de una cierta manera- el bogomilismo había transformado el maniqueísmo de sus orígenes en un nuevo cinismo. Mas la idea unitaria que lo vertebraba ahora es la de una resistencia enconada a la ilusión de los sentidos y a los engaños del Mal, no en nombre de un Bien al que se debiera acceder o que se debiera conquistar, sino simplemente en nombre de una liberación que debía hacer al hombre indiferente a la pasión del mundo.
(seguiremos hasta acabarlo)

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