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(En recuerdo de la madre muerta en un día de mediados de septiembre)
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La Muerte se apoderó de los talones. Se cerró la sonrisa de sus labios. Marcharemos a la Morada de la Balanza
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte rozó los dedos de los pies. Se fueron aflojando sus miembros. Penetraremos en el jardín de la Madre.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte se acercó hasta las rodillas propagándose con gran rapidez como el fuego en un horno de pajas.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte toca ahora los muslos de la Madre Abrid vuestros pétalos, oh flores, rindiendo homenaje a la que tanto os quiso en vida.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte ya acierta a los riñones. Los hijos preparan sus espíritus vistiendose por primera vez de luto.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte fue enfriando sus manos. Tiemblan los crisantemos de septiembre en un ramalazo de súbita tristeza.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte por se allega hasta sus dedos. Los familiares van llegando poco a poco en silencio para decirle el último saludo.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte caminando hasta sus hombros. Los vecinos se apiñan a la entrada de la casa proclamando sin cesar las hazañas de su vida.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte agarrota la garganta. La palabra se estrangula en el sendero yéndose por la senda de las pestañas.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte se acuerda del mentón y hacia él camina sin descanso inundando de llanto los ojos de los hijos.
Solo hay un dios, La Nada.
Negruzca, la Muerte gatea hasta los labios. La muchedumbre entre y sale dolorida intercediendo a los dioses por su vida.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte su lengua amoratando. Tú, su hijo, acércate a su cadáver y comprueba el frío de la Nada.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte está rozando la nariz. Agoniza en su sueño de jardines besada por pétalos multicolores.
Solo hay un dios, La Nada.
La Muerte arriba para siempre a las pestañas. La mirada ya no conoce a los presentes al pasar finalmente a la Casa Postrimera.
Solo hay un dios, La Nada.
La cabeza, última conquista de la Muerte. Salmodiad por ella los cantos rituales cerrándole de paso su esposo los ojos.
Solo hay un dios, La Nada.
La tumba ha acogido a toda ella con respeto. Los hechos memorables han embellecido los recuerdos que los hijos pasean entre las flores.
Hay un ser más grande que La Nada: La Memoria Sincera de los Muertos.
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(Basado en un poema de la antología 'Poesía Anónima Africana', de Rogelio Martínez Furé)
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Oko, un poema desgarrador, triste, pero real...la muerte como siempre tocando a nuestra puerta y llevándose lo amado, pero es algo que no podemos eludir.
Un besito.
esa muerte que escoge raras maneras de actuarl y claro cuando se debe esmerar con los menos agraciados solo se van sin mas ni mas
chinga tumadre
Keep up the good work buddy! Look forward to reading more from you in the future.