Algunos párrafos de Frantz Fanon
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La descolonización no pasa jamás desapercibida puesto que afecta a ser, modifica fundamentalmente al ser, transforma a los espectadores aplastados por la falta de esencia en actores privilegiados, recogidos de manera grandiosa por la hoz de la historia. Introduce en el ser un ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad. La descolonización realmente es creación de hombres nuevos. Pero esta creación no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural: la 'cosa' colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cuel se libera.
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No se desorganiza una sociedad, por primitiva que sea, con semejante programa si no se está decidido desde el principio, es decir, desde la formulación misma de ese programa, a vencer todos los obstáculos con que se tropiece en el camino. El colonizado que decide realizar ese programa, convertirse en su motor, está dispuesto en todo momento a la violencia. Desde su nacimiento, le resulta claro que ese mundo estrecho, sembrado de contradicciones, no puede ser impugnado sino por la violencia absoluta.
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El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. La línea divisoria, la frontera está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía. En las colonias, el interlocutor válido e institucional del colonizado, el vocero del colono y del régimen de opresión es el gendarme o el soldado. En las sociedades de tipo capitalista, la enseñanza, religiosa o laica, la formación de reflejos morales trasmisibles de padres a hijos, la honestidad ejemplar de obreros condecorados después de cincuenta años de buenos y leales servicios, el amor alentado por la armonía y la prudencia, esas formas estéticas del respeto al orden establecido, crean en torno al explotado una atmósfera de sumisión y de inhibición que aligera considerablemente la tarea de las fuerzas del orden. En los países capitalistas, entre el explotado y el poder se interponen una multitud de profesores de moral, de consejeros, de 'desorientadores'. En las regiones coloniales, por el contrario, el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado, y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del orden. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado.
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La mirada que el colonizado lanza sobre la ciudad del colono es una mirada de lujuria, una mirada de deseo. Sueños de posesión. Todos los modos de posesión: sentarse a la mesa del colono, acostarse en la cama del colono, si es posible con su mujer. El colonizado es un envidioso. El colono no lo ignora cuando, sorprendiendo su mirada a la deriva, comprueba amargamente, pero siempre alerta:
-Quieren ocupar nuestro lugar,
Es verdad, no hay un colonizado que no sueñe cuando menos una vez al día en instalarse en el lugar del colono.
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Frantz Fanon
(De 'Los condenados de la tierra', páginas 28, 29 y 30; editorial Txalaparta, Tafalla (Nafarroa), 1999)





abril-ale dijo
Hola, Oko: leyendo lo que acá nos dejas de Frantz Fanon, pensaba en esto: mientras los latinoamericanos no erradiquemos la mentalidad que trajo el colonizador jamás seremos libres. Inconscientemente tenemos arraigada en la mente que somos esclavos y siempre vemos como amos y señores a los gringos, europeos, etc. Y es que, tenemos que defender nuestra soberanía, para de esa manera ser respetados. Sólo así seremos realmente libres. Consciente o inconscientemente nosotros hemos contribuido a seguir en el papel de esclavos, sumisos, entreguistas. Sino veamos a nuestros gobernantes en América Latina en el triste papel de siervos, como es el caso de Uribe de Colombia.
Fanon decía: que no hay Capitalismo ni acumulación de capital sin racismo y no hay racismo sin capitalismo. Y es q le hemos hecho el juego al imperio, al esclavizarnos a todo. Nos hemos hecho esclavos del consumismo (otra trampa del capital en la cual caemos día a día) creemos valer más por lo que tenemos en bienes materiales y no por nuestra propia conciencia. Nos hemos convertido en victimarios de nuestros propios hermanos, y todo eso gracias a la mentalidad de esclavo que nos quedó con la colonización. Duro es decir esto, pero es la verdad.
Te cuento una anectoda: a un pueblito de Nicaragua llegó un gringo; compró tierras y se afincó en ellas. Un campesino nicaragüense vecino del extranjero tenía una mujer muy guapa, la mujer lo traicionó. Él tenía sospecha q podía ser o con el gringo, o con un campesino amigo de él. Pues bien, el campesino le dijo a su mujer: "mujer decime al menos que me traicionaste con el gringo, porque si me decís que fue con un indio de mierda como yo, te mato" ¿Qué tal?
En fin, ya me extendí compañero.
Un abrazo fortísimo.
17 Marzo 2009 | 12:49 AM