Que trata de 'Y tus huellas se perdieron en la nieve' de U. Blanco Cea
Leíamos hace poco que, solo el año pasado, se publicaron en España mas (si no recordamos mal) de 30.000 libros. De modo que uno es casi como una aguja en un pajar. Ni se le ve. Si a esto se le une el hecho, desgraciadamente cierto, de la crisis por la que están pasando millones de personas en paro, con sus proyectos de felicidad truncados en agraz, y a veces, muchas veces, el hambre o el hambre en ciernes por la pasan multitudes de personas, no podemos hacernos ilusiones de que haya muchas miradas prendidas de un libro que acabe salir a la luz. O de que los medios de formación de masas, como denomina García Calvo a la prensa, radio y televisión, acojan su edición destacándola y difundiéndola por el orbe global. No.
Y un libro donde se narra la muerte en accidente de un padre contada por su hijo, habiendo tantos hijos a los que se le mueren padres continuamente, menos.
Un libro que es un recordatorio emocionado del accidente por el cual el progenitor perdía la vida; y todas las consecuencias que ese hecho ha causado en el que lo narra. Ese hecho luctuoso, trágico para el que lo vive, no es noticia. No interesa a esos medios que siguen al pie de la letra el verso de Espronceda: 'Un cadáver más qué importa al mundo'. Sobre todo si el cuerpo es el del padre de Urbano Blanco Cea un poeta que está, como la mayoría de los individuos, dentro de esa franja de población que tiene que ganarse el pan con el sudor de su frente. Que no es un hombre de la élite dirigente. Y que cuenta lo mismo que los trescientos o más de emigrantes que acaban de perecer ahogados en aguas del Mediterráneo. Es decir: nada.
Obviamente no se van a conmover los cimientos del orden capitalista por la salida de un libro como el de Urbano. Los astros seguirán su curso pese a las lágrimas del escritor; y de los familiares del medio millar de emigrantes. La crisis proseguirá su marcha ascendente con su cortejo de angustias y hambres. Las filas de desempleados ante las oficinas del INEM se alimentarán con nuevos miembros en busca de trabajo. Y los cayucos y pateras, a pesar de las muertes, llegarán atestados de emigrantes con el cerebro repleto de falsas ilusiones. Aun con todo eso, seguirán llegando.
Pero en algunos rincones de este mundo maldito, los que lean el contenido de este libro se conmoverán. Sus párpados se cerrarán un instante para empujar a fuera de la cuenca orbital el líquida de la emoción que resbalará mejillas abajo. Y no sólo eso, los padres aprenderán a comprender mejor a los hijos y los vástagos a entender a sus padres. Los jóvenes sacarán la conclusión de que por encima de juergas puntuales hay que ser responsables y arrimar más el hombro sin perder el tiempo en naderías. La sociedad quizás ganara en sinceridad apartando lo políticamente correcto. Todos nos daremos cuenta, si no lo sabemos ya, que somos candidatos a la desgracia ya que la muerte nunca se declara en huelga de labor guadañera, cercenadora.
Y siendo así la vida, el mundo, como lo es, nos hermanaremos con todos los que sufren porque somos, en conjunto, uno, en la universalidad de los sentimientos. Si algo nos separa a los humanos, a unas civilizaciones de otras, no es los sustancial, es el envoltorio: idiomas, costumbres, gustos... En todo lo demás podemos hacer tabla rasa: la muerte de un ser querido es lo peor que nos puede pasar porque no tiene remedio... aquí y en la Conchinchina.
Dicho lo anterior poco más se puede añadir.
Bueno, si: que el libro de Urbano Blanco Cea titulado 'Y tus huellas se perdieron en la nieve (Carta a mi padre)' editado por Huerga & Fierro, transido de poesía, que lo recorre como un hilo de claridad, de sinceridad, de pureza, combina armoniosamente el diálogo, la descripción de situaciones y pensamientos, la reflexión sobre hechos plenamente actuales sin que por ello sean forzados a salir a escena; sino que fluyen de un modo natural como el agua mana de la fuente.
No es gratuito citar aquí lo que ahora se denomina violencia de género y que en numerosas ocasiones no es más que el fruto de la pasión momentánea pero que, el panorama político-mediático actual, gusta de motejarla como maltrato (sin negar que a veces lo haya) porque es lo políticamente correcto; destacaremos el punto de vista acerca de la abominación de las drogas, correctísima postura, como el mal absoluto y que Urbano no comparte, cuando se sabe que tienen, en muchas ocasiones, con moderación, un efecto beneficioso; nosotros mismos decimos de cuando en cuando: 'vamos a darnos un trago de optimismo'; nos damos un lingotazo de vino que nos impide hundirnos en el pozo oscuro de la depresión.
Contra estas posturas, un tanto hipócritas, se proclama contrario Urbano. Y reivindica otras que no tienen buena prensa porque se piensan anticuadas, por ejemplo: 'la generosidad, lealtad y respeto'; y por ende el rechazo del 'engreimiento', de la fatuidad, del mirar por encima del hombro con aire de un perdonavidas.
Ante esas postura les espeta mirándoles de frente:
-'No me arrepiento ni de una sola noche, ni de un solo cigarrillo, ni de una sola copa'.
No vamos a revelar nada más, pero si queremos poner de relieve el repudio del escritor a esa 'indiferencia ante el prójimo' y por lo tanto parece oportuno ponerlo, ante el avance de ese movimiento que se llama aquí y en todas partes: racismo. Por cierto, una ideología que nace de la más profunda ignorancia...
En fin, a nosotros nos hubiera gustado, también, escribirle una carta como esta a nuestros padres muertos y que, como él dice, es lo peor que nos ha pasado.
Tenemos envidia, una sana envidia, de no haber hecho una carta como la de Urbano Blanco Cea a su padre fallecido. Una carta que, efectivamente, del mismo modo que se expresara Aimé Césaire en su obra 'Y los perros callaban', "en el orden evidente no desplazará nada, pero que hará que los corales en el fondo del mar los pájaros en el fondo del cielo las estrellas en el fondo de los ojos de las mujeres se estremecerán durante el tiempo de una lágrima o de un batir de párpado".
José Mª Amigo Zamorano


Madeleine De Cubas dijo
Hola Okonkwo: Bueno, mira, la publicación de más de 30,000 libros siempre es buena noticia, especialmente porque esa "aguja en el pajar" de la que hablas, y que hace parte de los 30,000 pudiera ser el mejor de todos los ejemplares escritos.
Escribir sobre nuestro padre, rendirle un justo homenaje vale la pena, y ese acto per se ya es encomiable, y no debería importar que para el mundo ese padre sea un desconocido. Un saludo.
31 Marzo 2009 | 11:10 PM