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7 Diciembre 2009

Eusebio García Luengo en un libro de memorias

Tomado de 'La costanilla de los diablos (Memorias literarias 1943/1952)' de Charles David Ley; José Esteban editor; Madrid, 1981. Un libro de memorias digno de leerse.

En el segundo capítulo titulado 'Las veladas del Fénix' puede leerse lo siguiente:

"Había menos prosistas que poetas en el 'Fénix'. Jorge Campos asistía con regularidad y Eusebio García Luengo esporádicamente. Eusebio no era contertulio de un sitio determinado, sino de todos los cafés donde se reunía gente de letras. A pesar de sus buenas condiciones como escritor prefería escribir cada vez menos y hablar cada vez más, pero uno tiene que admitir que escucharle es mejor que leer un libro (1). Además del 'Fénix' nos reuníamos en casa de María Alfaro, en el Viso, y ahí estaba siempre Eusebio como también cuando Julio Gómez de la Serna nos invitaba a tomar unas copitas en su piso. Cuando más tarde empecé a frecuentar el café 'Gijón' ahí estaba Eusebio, igualmente, y hasta hoy. Tiene una marcada cortesía, un don de la palabra y su ironía no hiere. Era casi el único entre la joven generación de escritores de entonces que había frecuentado los cafés literarios de antes de la guerra. María Alfaro, que también había conocido la vida literaria de antes, solía decir:

-"Todo aquello era mucho más vivo, más amplio que hoy. Los mejores han tenido que dejar España".

Eusebio contestaba:

-Nada de eso. Era una gente esencialmente aburrida y sin talento, igual que ahora.

-¿Y Federico García Lorca con su hondo sentimiento por los sufrimientos del pueblo español?

-Lorca era como una gitana gordinflona y divertida. De lo social no sabía absolutamente nada, ni siquiera si existía.(2)

-Bueno, pero estaba ahí Rafael Alberti.

-Tampoco tenía interés, según mi idea.

"Eusebio, en los primeros tiempos que le conocí, se esforzaba en crear un teatro filosófico. Llegaron a representarle en teatro de estudiantes o de cámara alguna obra en un acto o algún acto de una comedia eternamente sin terminar sobre el tema de la felicidad y desconfianza conyugales. Otras tantas escenas salieron en 'Garcilaso' (3) y otras revistas, y una tarde leyó un trozo extenso de la comedia en la librería Bucholzt. Lo malo de aquello era que resultaba demasiado estático para representar, igual que el tetro de Unamuno -por el que, sin embargo, algunos sienyten un gran entusiasmo-. Eusebio no quería nunca oír hablar de coups de théâtre ni de momentos humorísticos, porque consideraba tales recursos uan indignidad. No quería ver en ellos la técnica natural del artre dramático, tal como la usaba Shakespeare y otros tantos dramaturgos famosos del mundo. Otra idea de Luengo, que es bastante sugestiva y que vale la pena ponderar, es que no existen obras buenas ni malas de un escritor, sino que todo lo que escribe es de igual interés como expresión de su persona y participa del mismo contenido anímico.

Lo malo del 'Fénix' era que se respiraba un ambiente más bien de aficionados a la literatura que de verdaderos literatos. Claro que todos los que no vivimos de la pluma -yo mismo para empezar- tenemos algo de carencia de profesionalismo, pero esto se puede superar si uno sigue en la brecha a pesar del inconveniente de tener que ganarse la vida de otra manera. En España, en aquella época, sólo los supervivientes del noventa y ocho podían sacar una buena renta de sus derechos de autor. En cambio, se da otro tipo de escritor: que apenas escribe pero que habla maravillosamente. En la película 'Orfeo' de Cocteau se retrata a un viejo poeta parisiense. Cuando le dice que la gente se sorprende de que no haya publicado durante años, contesta:

-On respecte mon silence.

Julian Ayesta, de quien hablaré más adelante -tampoco ha creado lo que su genio innegable prometía- decía que iba a escribir un cuento acerca de los escritores reunidos en el café 'Gijón' que se quejan constantemente de que no pueden hacer las grandes obras que deben porque viven en pensiones incómodas y ruidosas donde es imposible trabajar, o porque tienen que ganarse el pan haciendi faenas impropias de su talento. En su relato haría a Eusebio García Luengo ir a los servicios y descubrir por casualidad que, quitando una tabla se revela un largo túnel que lleva al anhelado país perfecto donde los escritores tienen provisto absolutamente todo lo que necesitan: tiempo, casa cómodas para cada uno, además de todo el dinero preciso para la creación de sus páginas inmortales. Eusebio, como hombre muy amable, comunica al oído a su vecino de mesa la maravilla que ha encontrado. Luego se va por la puerta del fondo y penetra en el túnel tras reponer cuidadosamente en su lugar la tabla. Lo mismo hace su vecino después de una pausa discreta y al fin todos los escritores sentados a las mesas del 'Gijón'. Se les recibe en el país maravilloso con todos los honres, dándoles en seguida todas las facilidades para que hagan la obra definitiva que cada uno de ellos decía que deseba por encima de todo hacer. Efectivamente pasan una vida regalada con todo lujo y todo sosiego, pero como consecuencia nadie escribe nada, igual que en los malos tiempos antiguos. Así es en cuento de Ayesta, que nunca se ha escrito, según creo, y aquí se ha puesto en letra de molde -salvo error- por primera vez."

Bien, pues esto es lo que escribe Charles David Ley acerca de Eusebio García Luengo, escritor muerto a los 94 años. Hace bien poco. Lo hacemos por recordar a ambos, a Eusebio y a Charles. Como han podido apreciar es esta obra, 'La costanilla de los diablos', digna de leerse. Y él un memorialista de talla (4). Si pueden encontrala cómprenla. Merece la pena asomarse a la memoria de este memorialista inglés. Y de paso descubrirán a un Eusebio García Luengo influyente, desconocido y olvidado.

(1) ¿Se refiere el autor a los libros de Eusebio García Luengo? Parece que si.

(2) Alguna vez nos comentó D. Eusebio García Luengo sobre esta frase que no recordaba haberla pronunciado. Y tenía buena memoria. Si fue muy crítico siempre con el teatro de Lorca. Hasta escribió un ensayo.

(3) Revista de literatura muy influyente en aquellos tiempos

(4) Sobre el autor leer esto:

http://ever-enen15.blogspot.com/2007/01/el-hispanista-charles-david-ley.html

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

abril-ale

abril-ale dijo

Camarada, siempre acá disfrutando lo que nos dejás.

Un abrazo bárbaro, fraternos y sincero.

8 Diciembre 2009 | 06:47 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Amigo mío,

La lectura de tu post, y, para poder seguir tu consejo, me ha obligado a realizar un ejercicio de documentación previo apoyado en alguno de los polvorientos anaqueles de mi biblioteca cuyo resultado me permito incluir como soporte a lo por tí expuesto.

La primera reseña encontrada sobre el autor al que referencias, Charles David Ley, la hallo en la obra de Gregorio Morán, "El maestro en el erial" -por cierto, este erial era al que se refería María Alfaro

cuando, con otras palabras, comentaba aquello de que "Todo aquello era mucho más vivo, más amplio que hoy. Los mejores han tenido que dejar España", obra en la que se da cuenta, entre otras cosas,

del panorama literario que encontró en España Ortega y Gasset a su regreso del exilio.Es, precisamente en esa misma obra, "La costanilla de los diablos (Memorias Literarias)" en donde Ley señala

-nombrando a Pío Baroja- que, éste, había dejado de asistir a las terutulias del Instituto Británico en Madrid que dririgía Walter Starkie y en el que trabajó Ley -tertulia en la que participaba, entre otros, Julio

Gómez de la Serna, hermano de Ramón, el de las "Greguerias", y otras menos confesables y más vergonzosas actividades- debido a que no le agradaba encontrarse bajo pabellón británico con "algunos

escritores pertenecientes a la revista "Escorial" que habían sido partidarios de la victoria alemana en la guerra".

Es, así mismo, y por seguir con la obra de Morán, en la que leo que, "Alférez", revista perteneciente al SEU, cuenta entre sus colaboradores con la pluma de Manuel Fraga Iribarne y sus inefables artículos: "El

matrimonio tiene por fin crear hijos para el cielo"; aparecen también, entre otros colaboradores, Rafael Sánchez Ferlosio -hijo de Sánchez Mazas-, Torcuato Fernández Miranda -según mi particularísima

opinión, el auténtico futuro director del entramado político que manejó la operación que llevó al tardo-franquismo hasta la llamada Transición sin que perdiera un ápice de su poder-; y, también, a Julian Ayesta

, persona a la que Ley en tu artículo considera que "tampoco ha creado lo que su genio innegable prometía", y algo de cierto debía de haber en ello ya que Morán califica su novela "Helena o el mar del

verano" como "notabilísima", y Rodríguez Puértolas -de cuya obra, "Historia de la literatura fascista española", cuando me refiera a Eusebio García Luengo haré posterior mención-, cómo, una "estetizante

evocación de la juventud perdida".

Pero antes habré de referirme -por aparecer igualmente en tu post- a la revista "Garcilaso" a quien Puértolas atribuye el derecho a ser considerada como, "la gran publicación poética de estos años (1.943/6)". Bajo el subtítulo de "Juventud Creadora" -el mismo perteneciente a la tertulia del Café Gijón a la que más tarde me referiré- manifestaba en su editorial del primer número firmado por Jesús Revuelta (falangista que dirigía "Juventud. Semanario de combate del SEU" y que marchó voluntario a la División Azul), cuáles eran las intenciones de la rervista:

"En el cuarto centenario de su muerte (1.936) ha comenzado de nuevo la hegemonía de Garcilaso. Murió militarmente, como ha comenzado nuestra presencia creadora. Y, Toledo, su cuna, está ligada

también a esta segunda reconquista, a este segundo renacimiento histórico (...)".

Proseguía el editorial realizando un ataque contra la madrileña revista de Pablo Neruda de antes de la guerra civil "Caballo Verde para la Poesía" y en concreto contra la declaración "Sobre una poesía sin

pureza", defendiendo, en cambio, la poesía pura, "humana", y no comprometida. El documento finalizaba con una invocación al espíritu de 1.936. Poesía no comprometida y espíritu del 36 no dejaban de ser

conceptos contradictorios; contradición que justamente estaba presente en "Garcilaso" desde el principio.

Definida en alguna ocasión como neoclásica, intimista y nacionalista, en el equipo de "Garcilaso" figuraban poetas como Eusebio García Luengo, Federico Muelas y Rafael Montesinos, entre otros. Hija de su

tiempo, la revista se caracterizó por una retórica trasnochada y por su insistencia en formas clásicas, como el soneto. José Agustín Goytisolo, miembro más representativo, vio así a los "garcilasistas":

"Es la hora, dijeron, de cantar los asuntos
maravillosamente insustanciales, es decir,
el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido
y componer hermosos versos, vacíos, sí, pero sonoros,
melodiosos como el laúd,
que adormezcan, que transfiguren,
que apacigüen los ánimos, !que barbaridad!"

Jesús Pardo de Santayana en "Autorretrato sin retoques" se muestra lapidario al juzgarlos: "de toda esa poesía apenas queda nada, porque en su único momento fue ucrónica, utópicamente hispana (...) :

ucronía, despues de todo, no es intemporalidad".

Por lo demás, recuérdese lo dicho tiempo después por Juan Aparicio, Delegado Nacional de Prensa y Propaganda a la sazón: "Garcilaso fue una operación política que salió de mi despacho oficial" (Pueblo,

23/11/66). Operación a la que no fue ajeno el propio José García Nieto.

Hora es de referirnos al Café Gijón en lo que tiene que ver con la tertulia autodenominada como "Juventud Creadora" en la que los vates allí reunidos, "para acallar los gritos interiores lo más adecuado era

distraerse con minucias primorosas y abalorios formalistas", como nos recuerda Emilio Alarcos. En cuanto al Gijón, mucho se ha dicho y escrito sobre él -no menos que sobre su competidor en fama, aunque

equivalente en objetivos, "Chicote"-, pero regresemos a la opinión que de él tiene Jesús Pardo de Santayana: "El Gijón, trampa franquista en torno a la trampa franquista que fue la Juventud Creadora, trataba

de tener allí sujetos y mansos a los escritores jóvenes no atados ya al régimen por la cadena del enchufe o la esclavitud del pruriempleo, y dio bastante buen resultado, pues acalló todo afán de innovar, y casi

hasta de escribir".

Antes de mencionar a Eusebio García Luengo realizaremos un recorrido previo, de la mano de Julio Rodríguez Puértolas y su "Historia de la Literatura fascista española", sobre el ambiente literario de su época reflejado en algunas de las revistas de entonces: en junio de 1.941 la Alemania nazi ataca a la Unión Soviética. En el número correspondiente a ese mismo mes, "Escorial" publica el editorial titulado "Nosotrso y la guerra", al que pertenecen estas frases en que "los falangistas que hacemos Escorial" se muestran tan beligerantes como compañeros de los nazis:

"(...) Nuestra beligerancia va a dar hasta la vida. Y la vida hoy se da en un lugar concreto: luchando en las estepas moscovitas"

Y así, algunos de los que pensaban aquello de que "sangre gótica corre por nuestras venas", como Dionisio Ridruejo, se incorporaron a la División Azul. Por lo demás "Escorial" proporcionaban también

reveladoras notas de actividad cultural. En noviembre de 1.941 se informaba de que Ernesto Giménez Caballero y Luis Felipe Vivanco representan a la España falangista en el Congreso (nazi-fascista) de

escritores de Weimar de ese año.

Tres publicaciones muy diferentes aparecieron en 1.941. "La Codorniz", revista semanal de humor dirigida primero por Miguel Mihura y posteriormente por Álvaro de Laiglesia -otro Divisionario-, sucesora

de "La Ametralladora" de la guerra civil, y que lentamente y hasta muy tardía desaparición, iría despegándose de sus iniciales posicionamientos fascistas. Edgar Neville y Tono, por ejemplo, aparecen en sus

páginas. "Santo y Seña. Alerta de las letras españolas" estaba dirigida por Eduardo Llosent, Manuel de Mergelina y Adriano del Valle. La tercera es la muy importante "Revista de Estudios Políticos" bajo la

dirección inicial de Alfonso García Valdecasas. Si por un lado aparecían trabajos de falangistas como Francisco Javier Conde, Fernando María Castiella o José Antonio Maravall (quién publicó ahí una reseña

del importante libro fascista de Pedro Laín Entralgo "Los valores naturales del nacionalsindicalismo"), si se incluían estudios de Wifredo Pareto o Max Weber, no faltaban los teóricos nazis como Carl Schmitt.

Otro caso es el de "El Español", Semanario de la política y del espíritu, cuyo lema decía: "Una Poétca. Una Política. Un Estado". Fundado y dirigido por el viejo jonsista Juan Aparicio, que impulsó en esta y

otras publicaciones suyas un carácter militantemente fascista. Aparicio sustituyó en 1.941 a Ridruejo como Director General de Prensa. En su primer número se abría con la evocación del acto fundacional de

Falange Española, y aparecían las firmas de, entre otros, Azorín, Melchor Fernández Almagro o José Luis Cano. En "El Español" escribían los fascistas de la última promoción; en este sentido es de gran

interés la encuesta "Nuestra generación frente al Quijote", donde la iconoclasta del joven fascismo español brillaba esplendorosa. Así, Jesús Revuerlta afirmaba:

"El Quijote es un medio ser (...) En este siglo, Don Quijote hubiera sido un caso clínico de una siquiatría de la escuela de Freud (...)"

Por su parte, Rafael García Serrano, tras tronar contra los héroes vencidos, escribía:

"A la basura los imperios espirituales. Nosotros queremos tierras de todos los colores (...) bien poblados de destructores; sultanes, caídes, reyezuelos, caciques, la gran especie del petróleo, el mundo".

En otro orden, Galdós no quedaba mejor parado:

"Pérez Galdós marcó una huella perniciosísima en la evolución del pensamiento de la democracia y la mesocracia españolas".

Es en este contexto histórico y en esta publicación en donde aparecen textos de Eusebio García Luengo, Miguel Villalonga, Pedro Álvarez, José Vicente Puente, Pedro García Sánchez, Claudio de la Torre,

etc., y acaso lo más interesante, "Pabellón de reposo", del entonces joven Camilo José Cela, de cuyo Pascual Duarte la revista había hecho extraordinarios elógios.

Eusebio García Luengo (1.909-2003), miembrop de "Garcilaso", subdirector de "Índice", colaborar de gran número de revistas de la época, se ocupó del teatro de García Lorca (Cuadernos de política y

literatura, 1.951), dentro de un tímido movimiento recuperador del poeta fusilado en 1.936. Fue también novelista con "El malogrado" y "No se" de corte "existencialista" sin mayores complicaciones.

Hora es de poner punto y final tras esta revisión de algunas de la obras que obran en mi poder. Espero, amigo, que no te moleste la inclusión de todo ello en tu casa.

¡Salud, y República!

8 Diciembre 2009 | 11:59 PM

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5 Diciembre 2010 | 07:41 PM

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Aficionado, diletante. Rebelarme seguro ante la injusticia. Eso de que el hombre explote al hombre se debería de acabar. 'El arroyo de la sierra me complace más que el mar'. 'Con los pobres de la tierra', no con los mendigos, 'quiero yo mi suerte echar'. Por lo demás no soy amigo de todos. Eso ni hablar. Incorrecto políticamente. Y poco más... que pueda interesar al común de los lectores. ¡Ah!: ¡Viva la República! Sin duda, España, mañana, será republicana.

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