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¡Contemplad cuan bella es la copa! ¡Miradla, en la cima, en el esplendor de su gloria!

Cien veces besaron sus labios y su frente cubrieron cien veces de inefables caricias.

Ese alfarero incansable del tiempo la ha trabajado ya con cien mil soberbias labores,

la ha abrillantado y pulimentado cien mil veces o más en las delicadezas de su arte.

Después, luego, sin pensarlo siquiera, la rompió, indiferente, arrojándola al suelo...

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(*) Versión Libre. Título Nuestro