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Rendido de amor, fascinado por el cuello de mi bien amada,

yo me he imaginado incontables comparaciones poéticas

y todas semejantes en su similitud a ese cántaro de vino.

El asa que ahí está, que mis ojos la ven presa en el cuello,

yo la contemplo, sin embargo, como si un brazo cariñoso,

en un gesto, envolviera tiernamente, con suma delicadeza,

casi con perdón, la deseada cintura de una mujer amada.

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Versión sacrílega de una rubayata de Omar Khayyam

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