Esclavo, esclavo, ¡escucha, oh esclavo!: Aquellos que pasaron delante de los otros y partieron, ¿hacia dónde? ¡ellos lo ignoran!

se deshicieron en el olvido del cosmos, poco a poco, lentamente, como polvo de una ilusión engañadora, para siempre jamás.

Bebe el vino y oye esta verdad: Todo lo que ha sido dicho sobre el más allá tiene la fortaleza del viento, el espesor del humo,

es polvareda, si, polvareda, que algunos sinvergüenzas lanzaron sin ninguna piedad a la clara mirada de unos ojos ingenuos.

-¿Hay algo más? -¿Y tú, esclavo, precisamente tú, me haces esa pregunta? Pues no. Nada más. Eso es todo y nada más.

De modo que es facil sacarle una conclusión a la vida: libérate de las cadenas aunque solo sea como legado para tus hijos.

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Versión sacrílega de una rubayata de Omar Khayyam