Decía en el anterior post, que acababa de leer 4 obras, a saber: 'Ku Klux Klan, los americanos encapuchados 1865/1965', de David M. Chalmers; 'La esclavitud en los EEUU', de Kenneth M. Stampp; 'La sombra de lo que fuimos', de Luis Sepúlveda y 'El sueño del celta', de Mario Vargas Llosa. Las dos primeras son obras de los años 60 del siglo pasado y las releo; las 2 últimas son novelas de ahora: una del 2009 y la otra de 2010.

Y comenté las 2 primeras. Ahora lo haré con las 2 últimas.

Estas 2 últimas son, como se ve por las fechas, de reciente publicación y de asuntos diferentes, o de forma diferente, porque son novelas; aunque la de Vargas Llosa toca el tema en el que he buceado una parte de mi vida lectora: la historia de los pueblos negroafricanos. Las dos obras tienen algo en común: citan hechos reales o históricos.

'La sombra de lo que fuimos'

En 'La sombra de lo que fuimos' la narración se apoya en un hecho cierto: el atraco de un banco de Chile por los jóvenes anarquistas Durruti y Jover. Ambos españoles; uno de ellos, Durruti, figura mítica del anarquismo ibérico y de la guerra de los años 36/39 del siglo pasado. Efectivamente, la trama comienza con el recuerdo de ese robo por parte de Nolasco, uno de los personajes de la novela. Este se ha citado en un lugar de Santiago de Chile con cuatro antiguos militantes de izquierda, derrotados por la dictadura de Pinochet, quienes, tras años de exilio y desarraigo, han regresado a su patria y ellos quieren, y él también lo desea, continuar la lucha, seguir batallando por un Chile más justo, por un Chile libre de la explotación capitalista y libre de los influencias de los seguidores del dictador. Antes de salir de casa, Nolasco se mira en el espejo y dice:

-Soy sombra de lo que fuimos y mientras haya luz existiremos.

Frase que indica la voluntad política de seguir en la brecha a pesar de la indiferencia general y de los cambios acaecidos durante ese tiempo en Chile.

Pero en el camino al lugar de la cita muere de 'forma grotesca golpeado por el destino ciego' ya que un tocadiscos lanzado por la ventana en medio de una furiosa riña familiar le aplasta la cabeza.

Los militantes esperan. Mas como, obviamente, no llega... uno del grupo dice: '¿Qué, nos la jugamos?' Y se la juegan. Es decir: continúan con el plan trazado y lo coronan triunfalmente.

A esa victoria contribuyen una pareja de policías haciendo la vista gorda. El autor utiliza a estos miembros de cuerpos represivos, creemos, por dos motivos: uno, porque ahora se muestra, en las novelas negras, a la policía como protagonista y hasta salvadora; la otra, para mostrar el cambio sucedido en Chile, durante los años de dictadura y de democracia, tantos que hasta la policía no es la misma de aquella que se involucró en la matanza contra el pueblo.

Bueno, pues si Luis Sepúlveda lo dice...

Está escrita con el lenguaje directo, limpio, claro, crudo, de las novelas negras, también chispeante, desprejuiciado y divertido en numerosas ocasiones. A lo largo de la narración se nos muestran algunos de los errores políticos cometidos en la lucha anticapitalista, así como se desnuda, sin crueldad, el ímpetu, la inocencia y la inexperiencia de la juventud revolucionaria.

Pero, por encima de esas reflexiones es un canto a los luchadores antifascistas, entre los que figura el mismo autor de la novela. Ya antes de empezar la novelita podemos leer la siguiente dedicatoria:

'A mis compañeros y compañeras

que cayeron, se levantaron,

curaron las heridas, cuidaron la risa,

salvaron la alegría y siguieron andando.'

Nosotros saludamos este cuento de factura honesta y además divertido; así como saludamos una obra que no reniega de la lucha revolucionaria, ni echa barro sobre esos luchadores antifascistas, como hemos vistos hacer a más de un renegado, que es como si lanzaran mierda sobre ellos mismos. Y si, además, fue Premio de Primavera de Novela 2009, convocado por Espasa y Ámbito Cultural, cuyo jurado estuvo compuesto por Ana María Matute, Angel Basanta, Antonio Soler, Ramon Pernas y Ana Rosa Semprún, mejor que mejor.

'El sueño del celta'

En cuanto a 'El sueño del celta', última novela del flamante Premio Nobel Vargas Llosa, decir que es en realidad un fresco histórico: la recuperación de un personaje irlandés, Roger Casement, luchador independentista, pero que antes de transformarse en un  furibundo nacionalista fue uno de los primeros europeos en denunciar la salvaje explotación, las atrocidades, del colonialismo en África y mas tarde en el Amazonas.

Los hechos que narra son conocidos, al menos para muchos de los que llevamos años interesándonos por los pueblos africanos.

La novela comienza en una cárcel del Reino Unido donde Roger Casement aguarda la decisión del Consejo de Ministros de su majestad británica acerca de si le conmuta la pena de muerte o si por el contrario hace oídos sordos a las voces que claman clemencia y es ahorcado.

Los jueces lo han condenado a la última pena acusado de alta traición ya que, siendo cierto para qué negarlo, en torno a la Primera Guerra Mundial, negoció con el Gobierno Alemán a fin de aunar esfuerzos para derrotar con las armas al Imperio Británico. Es un hecho poco conocido que una parte del nacionalismo irlandés creyó que de esa manera lograría la independencia.

La novela está estructurada de forma que, en los capítulos impares, Vargas Llosa describe la vida en la cárcel de este anticolonialista y luchador por la independencia de Irlanda, sus pensamientos, sus recuerdos, las visitas que recibe; y en los capítulos pares podemos leer los viajes que Roger Casement realizó al Congo, primero, en las espediciones del famoso explorador Stanley y luego, como cónsul de Inglaterra, en la Amazonía y otros lugares. Asi, como se nos dice de los informes que, para el gobierno inglés, realizó, demoledores, sobre la actuación colonial del rey de los belgas Leopoldo II que llegó a matar, bajo su batuta, a millones de congoleños; de igual manera llevó a cabo una misión en la Amazonía para denunciar la esclavización de los indígenas para que extrajeran caucho. En ambos informes recoge todo un catálogo de maneras de aterrorizar a los trabajadores y múltiples formas de matarlos cuando no les servían que hielan el alma al más duro. Recordamos, ahora, al hilo de este comentario, de lo que la reacción imperialista acusa a Stalin y, desde luego, ante este monarca y ante estos empresarios del caucho, el lider bolchevique fue una hermanita de la caridad.

Asi transcurre el relato, hasta dejarnos un cabal retrato del personaje (o esa es la intención del Premio Nobel; que lo consiga, o no, eso solo puede decir lo cada uno de los que lean la novela) hasta sus más escabrosas intimidades como sus relaciones sexuales con otros hombres al ser, como lo era, Roger Casement, homosexual. Contactos carnales que va volcando en un diario; diario aireado en la prensa mientras permanece en prisión y que algunos estimaron, entonces, y aun hoy mismo dudan de su veracidad, llegando a creer, y están seguros de ello, que fueron falsificados por los servicios secretos de su excelsa majestad británica para desprestigiar a un hombre muy popular, al que, años antes, habían premiado nombrándolo sir por los servicios realizados a la corona. Una forma malvada, como otra cualquiera, de preparar a la opinión publica para su ejecución. Como así hicieron, ahorcándolo. No desvelamos ningún arcano secreto de la narración pues cualquiera que abra Internet puede enterarse del  trágico final de este insigne anticolonialista y patriota irlandés.

Todos estos datos el escritor los va novelando, metiéndolos poco a poco, con el ritmo que considera más adecuado. Y con su maestria va logrando un lento transcurrir hacia el fatal desenlace.

Fiel a su ideología, opinamos nosotros, el colonialismo, el imperialismo y su sistema económico capitalista -que según Marx rezuma sangre de los pies a la cabeza- se parapeta, se esconde, se agazapa, teóricamente, tras la codicia humana y detrás de una serie de hombres crueles, sanguinarios, desalmados, quienes, saltándose leyes y éticas, arramblan con todo; empero al final el sistema se salva condenándolos, como le ocurrió al cauchero peruano Arana que se cuenta en la novela. Creemos que esto es falso, que el sistema es así y no puede ser de otro modo, que leopoldos y aranas los produce este sistema donde el hombrre es lobo del hombre.

Pero, ideologías aparte, está bien escrita y se lee con gusto, no exento de angustias y malestares por esos lobos. Y por esos corderos.